Escalada

Escalada

Pies de gato y bolsa de magnesio Photo by Paolo de Guidi @Flickr
Pies de gato y bolsa de magnesio
Photo by Paolo de Guidi @Flickr

Empecé a escalar allá por el año 91 con unos colegas de los campamentos y me encanto, pero en aquellos entonces yo no tenía mucha pasta y lo único que pude comprarme fueron unos gatos cutres en el rastro y me apañaba poniéndome el arnés de algún amigo que no fuera muy grande, como eran contadas ocasiones las que podía ir pues fin de la historia, para hacer boulder no necesitaba más, iba al Puente de Toledo o a la Cuesta de la Vega (debajo del Viaducto) ha escalar y listo, allí conocí a mucha gente como a Dani y David Andrada, de echo con David tuve la suerte de compartir clase en el IES San Isidro algunos años más tarde.

Pero en el año 93 conocí al que ahora es el Papa del Minibicho y resulta que el también si que escalaba y aquello que para mi era un pasatiempo más unido a la montaña, empezó podría decirse a subir de “grado“. Quizás porque soy un ser competitivo, quizás porque me enamoré como una burra, quizás por que las vías cada vez eran más largas, quizás por tener al lado a un superman con la cabeza de Stephen Hawking y que jamás tiene miedo de nada o por herencia genética, que se yo, pero poco a poco había algo que no funcionaba cuando iba a escalar, algo no iba bien, me frustraba conmigo misma porque tenía miedo y me cabreaba con la él, y mucho, porque de algún modo yo estaba haciendo algo que no podía solo por seguirle, solo porque no me dejara atrás, porque aquello era su vida en aquel momento, y yo no era capaz de explicarle que yo no quería subir mil largos que a mi me gustaban los bordillos llenos de regletas minúsculas, los desplomes, el grado, pero no jugarme la vida porque tengo una chapa a 10 o 20 metros de distancia y encima a 80 o 100 metros de altura.

Yo no sabía que era ese miedo, era joven y aquel chaval “me gustaba más que comer con los dedos” para que decir  lo contrario, así que seguí pasandolo mal, y haciéndoselo pasar mal a él, cada vez peor. Me costo un par de años saber que mi problema era que tenía vértigo, doy gracias a que él es como es y me entendió y me consoló, como siempre hace porque yo estaba destrozada, aquello era parte de mi vida y sobre todo de la suya, pero él es así y me dio cariño cuando yo esperaba reproches. Mi vértigo a crecido con los años, seguramente por falta de uso, pero ahí está, ahora trato de controlarlo y no me da vergüenza decir que no hago algo porque tengo vértigo, a quien le moleste que hable con el Papá del Minibicho que el se lo explica.

Pero claro resulta que la cabra tira al monte y vivir en la Pedriza y tener como amiga (y mamá del mejor amigo del minibicho) a otra escaladora y además muy persuasiva no ayuda, así que cuando me hablo para apuntarme a las clases de escalada con ella al polideportivo del pueblo pues claro…yo expuse todos mis argumentos, pero no valió de nada.

Ayer volví a escalar después de 10 años sin escalar y que pasa después de 10 años sin escalar y llegas al rocódromo, pues que tu tienes interiorizados un montón de movimientos, un montón posturas, agarres, etc., etc., que eran muy naturales, muy armónicos y sencillos antes y vas toda “chula” (porque piensas “quien tuvo retuvo“) a tratar de hacerlos y ¿¿¿qué pasa???…que tus bracitos, tus piernitas y tus deditos de mantequilla te dicen que te peines “pa’trás“, que la presa que tiene un agarre como una pelota de tenis se te queda pequeña y resoplas como un miura, que tu culo no se pega a la pared ni aunque te pongan “superglue”, que aquellos dedos gordos de tus pies capaces de quedarse en un saliente de medio centímetro se resbalan de un agarre del tamaño de tus “peras” y aquello bien aderezado con resoplidos, palabrotas y sudor, mucho sudor, tanto sudor que ni el magnesio es capaz de secarte las manos…vamos que solo te faltó tirarte un pedo para hacer el ridículo de los ridículos, allí delante de los machacas de turno…eso si me reí un “güevo“, no lo voy a negar.

En fín, que hoy tengo agujetas hasta en el DNI, tengo los antebrazos “petaos” aun, me duele el culo, me duelen las tetas, me duelen los brazos y las piernas, me duelen los dorsales, las manos…vamos que estoy echa una piltrafa, pero con ganas de que llegue mañana y ver que tal se me da, porque no sé si será el placer de quitarte los “gatos” o el magnesio o la adrenalina o que pero esto engancha…y mucho (ya no me acordaba).

Ya os contaré…va por ti amor!!!!

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6 comentarios sobre “Escalada

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  1. ¡Que determinación! Así es como se consiguen los objetivos… cada vez que escales te dolerá menos todo, o eso creo.

    Me ha encantado la historia, y aunque jamás me llamó la escalada (pese a tener oportunidades cerca), no me extraña en absoluto que enganche, ¡la sensación de poder que debe de dar! Yo soy más de caminar por el monte, a mí dame kilómetros que no me va a importar tirarme horas, pero escalar no, ¡uf!

    Abrazos.

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    1. Eso espero, que las agujetas vayan desapareciendo pero por ahora me duele todo, ayer fue la caña, a ver el lunes que tal. Yo reconozco que soy más de mochila y montaña pero cualquier deporte me mola y si es al aire libre mejor que mejor, para que voy a mentir, jejeje

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  2. ¡¡¡Ánimo!!! Yo no tengo vértigo, pero mi chico sí, y te entiendo. Tampoco puede bañarse en una piscina pero sí en mar abierto. Conclusión: el miedo es libre.
    Pero lo que está claro es que tú eres una valiente.

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