Padre no hay más que uno

Si señoras y señores, padre no hay más que uno y yo al mio le echo de menos un “güevo” y se “me hace bola” cuando llegan estas fechas.

He tenido la suerte de vivir rodeada de hombres atípicos, desde mi abuelo a mi padre, pasando por mi tío, mi marido y ahora también mi hijo, hombres inteligentes y muy seguros de su valía y su masculinidad que han sabido tener a su lado mujeres fuertes, inteligentes y muy independientes y no han sido solo padres, maridos o hijos sino compañeros.

Los hombres de mi vida hombres cocinan, limpian, cambian pañales, planchan, cosen y mil cosas más y no solo porque “ayuden” sino porque son compañeros y esa es su parte. A mi y a mis hermanas nos han recogido toda la vida mi padre o mi abuelo del colegio porque ellas trabajaban por la tarde, nos bañaban, nos daban de cenar y nos acostaban, nos cuidaban por las noches si estábamos malitas y nos preparaban la ropa del día siguiente.

Nadie me ha dejado nunca el pelo mejor que mi tío cuando me secaba el pelo con el secador los domingos por la noche, ni nadie me ha contado mejores cuentos que él y ha criado a su hijo para ser un buen hombre y un buen compañero, he de decir que mi primo pequeño, ingeniero naval de profesión, cocina como los ángeles…ahí lo dejo jóvenes….

No es fácil vivir con una de nosotras, para nada…no, no lo es, el hombre que nos aguanta tiene que ser muy “hombre” como diría mi abuela, porque tenemos “más cojones que el caballo del Espartero” y ser un “flojo” no es una combinación que dure mucho, la verdad, al menos con nosotras.

Hoy miro a mis hijos con su padre y siento que se me hace un nudo en la garganta, porque el domingo no podré darle mi “cenicero de barro” ni mi “cristo de pinzas” al mio…porque no podré abrazarle y decirle “te quiero orejillas”, porque me encantaría recordar su voz pero no la recuerdo, porque me encantaría volver a verle afeitarse mientras charlo con él en el baño y sobre todo porque me hubiera gustado que conociera a mis hijos y hubiera podido llegar a conocer de verdad al que hoy es mi marido aunque le odiara a muerte cuando empezamos a salir hace casi 24 años.

Lo bueno de la vida es que aunque recuerdas las cosas malas, el tiempo le va dando una pátina que hace que se oscurezcan lo suficiente para que no lo veas bien, y poco a poco solo salen a flote los momentos felices y divertidos y esos oscuros recuerdos dejan de marcar tu vida, porque a veces hay que asumir y aceptar que es menos doloroso perder que ver sufrir.

Sé que estarás muy orgulloso, allí donde estés, porque ahora estamos bien, seguimos adelante como nos enseñaste.

¡¡¡Gracias papá!!!.

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